sábado, 26 de noviembre de 2016

Cántico por Leibowitz, Walter M. Miller, 1960



Cántico es una de esas novelas de ciencia ficción señaladas unánimemente como un hito en la historia del género.

Desde hace unos meses se puede encontrar una reedición muy asequible en tiendas que vuelve a poner a disposición de los aficionados un título clásico pero difícil de encontrar. Yo he podido leerlo en la versión electrónica de una de sus ediciones anteriores.

Escrito a finales de los años 50, por Walter M. Miller, apareció como tres relatos independientes publicados en revistas del género. En plena guerra fría y habiendo sido el autor soldado en la Segunda Guerra Mundial, la novela refleja algunas de las cuestiones que preocupaban a la sociedad de la época con un tinte más bien pesimista.

Pese a que los relatos aparecieron por separado, tienen un hilo común. En el futuro, y tras una devastadora guerra nuclear, la humanidad (o al menos los Estados Unidos) han vuelto a una edad oscura, primitiva, salvaje y postapocalíptica. A través de una misma orden religiosa y la visión de algunos de sus miembros durante el transcurso de los siglos, asistimos al renacer de esta sociedad condenada por sus errores del pasado. 

La orden religiosa se dedicó por orden de su fundador, el beato Leibowitz, a la conservación, copia y transmisión del conocimiento que se pudo salvar y rescatar tras el desastre nuclear y las hogueras. Su intención; que todo ese saber que ni ellos mismos entendían pudiera ser aprovechado en el futuro para un renacer de la humanidad.

En el primer relato, un joven novicio llamado Francis, en plena vigilia de cuaresma y en pleno desierto, tiene un cómico encuentro con un peculiar viajero. Tras ello,  encuentra unas ruinas del pasado atribuidas al mismísimo Leibowitz. Este incidente altera su propia vida y mucho más la del resto de su orden.

En el segundo relato, 600 años después, unos incipientes científicos descubren el increíble conocimiento que alberga la abadía. Es una oportunidad única  para el renacimiento de la sociedad humana en la que aún no se ha redescubierto la electricidad. A la vez, en las tierras circundantes, se desatan guerras por el control total del territorio. Los caudillos dominantes pretenden servirse del desarrollo de la ciencia y los científicos para fines totalitarios y militares.

En el relato final, se avanzan otros cientos de años. Descubrimos que la sociedad ha vuelto a alcanzar su nivel anterior de desarrollo, incluso ha llegado a alcanzar las estrellas. Pese a ello, la humanidad se encuentra en la cuerda floja, como en el pasado, más cerca que nunca a provocar su propia extinción.

Aunque el tono y el tema de fondo vaya variando, a través de todos estos siglos y de la visión interior de los protagonistas, se van planteando varias cuestiones universales sobre la condición humana. 

Como he comentado, frente el miedo propio de los años 50 a las consecuencias de una escalada armamentística y la guerra, el autor plantea esta visión del futuro quizás como una posible advertencia. Una visión pesimista, de un futuro cíclico y trágico en el que el ser humano parece estar condenado a repetir sus errores y caer de manera inevitable en la barbarie. Se plantea como  algo inherente a su propia condición; como lo es el mismo pecado original

Opuesto a ello, en la novela se refleja la visión del humanismo cristiano, encarnada en los personajes y abades de la orden de San Leibowitz. Esta visión religiosa no soluciona los fatales acontecimientos pero lleva a que el ser humano trascienda y salve, al menos, su propia alma del desastre. La manera en la que los religiosos de la orden afrontan los acontecimientos se enfrenta al del resto de personajes y acontecimientos. Incluso hay muchas citas en latín y referencias a diversos elementos de la vida del sacerdocio.Pese a esto, en algunos momentos,  ni las mismas hipocresías y contradicciones de la jerarquía religiosa y la religión se libran del sentido crítico y la ironía del autor.

En fin, poco más. Por cuestiones personales no comulgo, nunca mejor dicho, con las partes religiosas de la novela. No se si el autor pretendía realizar un panfleto o se planteaba dudas espirituales.  El tono de blanco y negro en que se opone por momentos el desarrollo, la ciencia y la condición humana a la salvación religiosa y espiritual tampoco me convence. Quizás no sepa yo interpretar mas allá.

No es un novela clásica de aventuras ni de space ópera, por lo que decepcionará a quienes busquen el satisfacciones rápidas. Tampoco tiene un gran estilo narrativo, aunque sus personajes, diáologos y las reflexiones que por boca de ellos nos transmite el autor, son muchas veces brillantes y profundos.

Con todo, es original y entretiene, va de más a menos. Recomendable por los grandes temas de fondo que trata, por sus momentos brillantes y la reflexión a la que invita. Todo eso trasciende las cotas habituales del género.

2 comentarios:

Antonio Alvarez dijo...

Miller se convirtió al catolicismo de joven tras bombardear Europa en la 2ª Guerra Mundial pero no fue ningún entusiasta de la Iglesia. Para entender bien esto hay que tener en cuenta que el catolicismo al que se convirtió Miller y la Iglesia a la que ingresó es la anterior al Concilio Vaticano II. O sea, que esa religión y sus sacerdotes eran más medievales que ahora, la misa todavía se daba en latín y con el cura de espaldas a la feligresía por ejemplo. Yo no esperaba una novela que ensalzase a los monjes y al catolicismo así que me decepcionó mucho. Es que todo esto de que conservaron la cultura es una mentira. Lo que hizo la Iglesia cristina en la Edad Media no fue conservar lo que rescataron de las ruinas dejadas por los vándalos, sino que usaron su criterio para elegir que se conservaba teniendo en cuenta que el pergamino era caro y el oficio de copista muy duro. Por tanto y evidentemente conservó sólo lo que no minaba la Biblia o no era licencioso desde su estrecho e inhumano punto de vista. Todo lo que no apoyaba el cristianismo o era escandaloso (como las pollas de miles de estatuas clásicas; anda! Cómo los talibanes!) fue arrojado al olvido. Por eso fue tan arduo quitárselo de encima, hubo que redescubrir el mundo. Los 10 siglos que van de Homero al Edicto de Milán con el handicap de tener a la Inquisición jodiendo. Y encima hubo abades que recorrían sus monasterios quemando libros porque consideraban que la humanidad sólo necesitaba 1 libro: la Biblia. Si no fuese ateo diría que es casi un milagro que Europa se haya salvado del sacerdocio católico. En fin, que la visión de Miller me pareció demasiado idealizada, aunque la Edad Media no se parecería en nada al mundo posapocalíptico de Leibowitz. Además desto, la novela es bastante de su época. No obstante está bastante bien, a lo mejor un poco aburrida. No es del palo El nombre de la rosa :) Unas reflexiones e ideas respetables y valiosas pero también, como todas, sesgadas.

Bester brainstormer dijo...

Gracias Antonio por los apuntes. Sabía lo de que fue soldado pero hacer de la novela un panfleto procatólico la acaba haciendo más aburrida.

a mi no me cabía ninguna duda que la Historia real de la conservación de la cultura no se parece en nada a lo que plantea la novela. Es justo lo que dices.
es la parte que menos me ha gustado.
Aun con todo hay momentos en que uno de los científicos le reprocha a uno de los abades el que mantengan esos conocimientos ocultos.
En otro momento parece que se critica la jerarquía eclesiástica.

En fin, el tema religioso es lo que menos me gusto.

Como dices, en su época, sería rompedora por plantear un postapocalipsis nuclear y lo que sería de los humanos después de ello. Ahora, pues no sorprende tanto.

un clásico de la ciencia ficcion que ha perdido vigencia por el mensaje religioso pasado de época.