lunes, 26 de enero de 2015

El Ascenso de Tiamat (sesión 2)




Segunda narración con las andanzas del grupo por la Costa de la Espada con unos cuantos espoilers sobre el desarrollo de la aventura.
La primera parte por aqui. 
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El grupo se aventuró por las Colinas Serpiente en busca de Varram, el blanco. El rastro no era difícil de seguir.
Se toparon con un grupo de gigantes de las colinas que perseguían alimento vivo. Cuando les descubrieron intentaron comérselos a ellos. Lo pagaron caro.

Por la noche, recibieron la visita inesperada de un anónimo visitante. Con amenazas colocadas fuera de las tiendas les instaba a abandonar los territorios de los hombres-lagarto. Pero aquello no iba a amedrentarles.
El día siguiente, vieron como unos pastores hacían uso de una curiosa forma de ilusión en forma de dragón para ahuyentar a los gigantes de las colinas.

La tierra era yerma en la región a la que llegaron finalmente; la comida se pudría y el agua se evaporaba en sus mochilas. Llegaron a una ciudad abandonada construida en torno a una meseta. En su pared cortada a cuchillo había extrañas imágenes esculpidas, alienígenas y galaxias irreconocibles. También había una entrada a un complejo que se adentraba en la roca.

La druida elfa Edween detecto una trampa en la antecámara de acceso y pudieron desvanecer su magia. Las cámaras interiores parecían haber sido recorridas por el grupo de Varram. Había signos de lucha. En otra estancia se vieron sorprendidos a unas quimeras mágicamente animadas formadas de pedacitos de azulejos del suelo. La lucha fue cruenta. Tras destruirlas, sus pedazos comenzaban lentamente a reunirse...



Mas tarde, al intentar abrir una gran puerta, todo su dintel se derrumbó sobre ellos hiriendo a la druida y a Fard, el norteño. No se traían buena suerte mutuamente.
En otra cámara encontraron un extraño pozo y una pila que podían llenar de agua y un desagüe. El agua se evaporaba en el complejo seguramente por la presencia de algún poderoso muerto viviente.

Al descender por una rampa en dirección sur, activaron una peligrosa trampa; una gigantesca bola mágica compuesta de huesos afilados les atrapó en un túnel estrellándose más tarde con algunos de ellos dentro.

Por último en otra antecámara lujosa con tapices e incensarios descubrieron sarcófagos en las paredes. Al abrir la puerta para salir de allí, una voz en su cabeza les acusó de no rendir el adecuado respeto y pleitesía a el gran Diderius.

No pudieron preguntarse quien era ese fulano puesto que unas momias salieron de los sarcófagos con la intención de tocarles con su toque pútrido. Afortunadamente la fe de Eric en Mystra ahuyentó a todas las momias excepto una que sufrió la magia de su hermano Jon y la espada del norteño.

Quedaban muchos misterios en aquel extraño lugar.

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