martes, 11 de febrero de 2014

Mecenazgos, preventas, bombos publicitarios y otras hierbas




Hace unos días se hablaba en G+ sobre las ventajas de los modelos de mecenazgo en el sector de los juegos de rol. En ese caso se debatía poniendo como ejemplo Patreon, la plataforma de mecenazgo de la que se está sirviendo la  gente de Evil Hat para crear y publicar  una serie de aventuras periódicas para el sistema y juego de rol FATE.

Con la aportación de los interesados, se asegura una continuidad a una futura  línea de aventuras que puede que se liberen a cambio de la cantidad económica que se quiera (pay what you want) o puede que tengan un precio similar al que han pagado los mecenas; en torno a los 4-5$.

En aquella charla, una postura extendida es la de que éstos modelos son algo deseable que debería generalizarse como medio de democratizar quien publica o quien no, instaurando una nueva relación creador-comprador que obviaría a las editoriales y su filtro absolutista.
Se comentaba que con estos modelos todo el mundo gana; los creadores, los consumidores y aquellos no interesados en un principio, puesto que el producto será puesto en descarga casi gratuíta. Cultura libre, aducían.
Examinando el tema en detalle, no creo que todo el mundo se beneficie de una manera tan clara. De un modo utópico, suena muy bonito decir que la generalización del modelo produciría beneficios para todos. 


Los modelos de mecenazgo están en boga y han sido diseccionados abundantemente. Un ejemplo del amigo Carlos de la Cruz, por ejemplo. Todos tenemos nuestra opinión sobre el particular. Hasta yo mismo hablé del tema a cuento del mecenazgo de la edición impresa de La puerta de Ishtar. Creo que la mayoría coincidimos en que estos modelos tienen ventajas e inconvenientes. Yo incluso he comprado algunos de estos proyectos y algunas preventas apostando por productos o creadores que me parecían interesantes.

En cualquier caso, tengo razones en contra de que ésta manera de editar se generalice. El excesivo bombo publicitario (hype) que se genera sirve para crear expectación sobre productos que muchas veces ni están cerca de su forma final y sobre los que se espera el impulso de los mecenas para ser desarrollados por completo. En algunas ocasiones, los que apuestan por uno de estos proyectos pagan por algo que no existe, por algo que puede ser y que muchas veces, en su forma final, no será  lo que esperábamos.
En otras ocasiones, editoriales o autores de renombre se valen de éstos modelos principalmente como plataforma publicitaria. Es comprensible que se empezasen a usar de ese modo en una época en que parece que las cosas valen más la pena si se habla mucho de ellas. El fin principal de algunos autores de renombre no es que se publique el juego sino que se hable de el. ¿pero de qué se puede hablar cuando no está un producto terminado? Pues principalmente de expectativas; de lo que nos gustaría que fuese el producto. Nuestra imaginación y sueños se evaden imaginado que eso por lo que estamos pagando quizás sea  ese sistema soñado, ese suplemento sin igual o esa aventura que eclipsará al resto...y que además conseguiremos de manera exclusiva antes que muchos otros frikis. Ya oigo gotear la saliva de los fanboys.

¿Necesita Monte Cook o la gente de Evil Hat, un soporte o ayuda de mecenas para publicar y vender sus productos? Obviamente no. Por lo cual los que participamos estamos, en mi opinión, siendo utilizados como vehículos del hype.
En otras ocasiones el humo se vende, se consigue el dinero y a los meses (a veces muchos) se termina algo que mandar a los mecenas. Realmente, puede que el resultado ya no importe mucho. -Total, ya han pagado-se dirá algún creador.-mejor me pongo a pensar en el siguiente.

Y para mi estas siguen siendo algunas de las grandes desventajas de estos modelos. Creo que no es necesario que se generalice ésta nueva manera de crear y consumir rol basado en estos formatos en los que se paga por promesas de productos y en los que hipotecamos nuestro dinero a largo plazo.  Si se usase con cierta responsabilidad por parte de los creadores y los consumidores creo que bastaría.

Personalmente, quiero seguir viendo los productos acabados tras pasar por el filtro de una editorial, puesto que creo hacen una labor fundamental en el proceso de publicar un libro,  o  como mucho, ver mecenazgos de productos  que no se podían publicar de otra manera y no verían la luz. Quiero poder  valorar como si fuera un producto que ojeo en la estantería de mi tienda preferida, si me interesa o no; y los que hacen un mecenazgo tienen herramientas para mostrar contenido a los interesados. No quiero pagar por que me vendan humo. Y recomiendo a quien puedo y a los consumidores de éste tipo de productos que obre de manera similar si no queremos que la calidad de los productos que recibamos en nuestras bandejas de correo o buzones, baje significativamente. O bien eduquemos a nuestros creadores para que, a no ser que gestionen estos proyectos de otro modo, no reciban nuestro dinero a cambio de muy poco.

No me gusta un modelo en el que el riesgo va a cuenta mi dinero o del escaso dinero que tengo para ocio. El modelo de los mecenazgos actuales debe mejorarse para que se pueda supervisar el proceso creativo asegurándose que se apoyan proyectos que realmente merecen la pena y no están vendiendo estampitas. El proceso creativo necesita de una cierta supervisión para asegurar que se llega a unos mínimos de calidad, en mi opinión. Racionalicemos el uso de estas útiles herramientas, no las generalicemos sin criterio. No se en qué manera puede tomar forma un proceso que regule el intercambio entre autor y consumidor en el que el consumidor esté menos desprotegido que el modelo de mecenazgos que se propone. Ese papel lo han ido ejerciendo las editoriales, pero si el cambio prospera no se quien ejercerá ese importante papel.

Al final la recomendación que me hago es la de consumir de manera responsable. Quizás sea una manera en la que se pueda conseguir mejorar el modelo cultural y de distribución actual.