martes, 2 de noviembre de 2010

La horda de la mano roja XVIII

La entrada al Templo de Tiamat


Los héroes se recuperaban de su último combate en las profundidades del templo de Tiamat y planeaban su próximo movimiento.
El templo estaba habitado por numerosas criaturas  malignas y poderosas que no dudarían en enfrentarse y aniquilar a los aventureros sin siquiera preguntar por sus intenciones ;  así que decidieron esquivar a la guarnición de draconianos y los aposentos de los clérigos y sacerdotes gran trasgos.
Enfilaron hacia el templo inferior de donde parecía provenir  el  siniestro rezo que llenaba el silencio de los pasajes interiores.
En el camino varios temblores similares a pequeños terremotos hicieron temer por un derrumbe general . Una energía poderosa se estaba liberando cerca de allí y al parecer todo el complejo sufría las consecuencias. Pese a ello no se detuvieron y asaltaron la gran estancia .
Varios clérigos y sacerdotes oraban allí y la sorpresa fue encontrar a Kor , uno de los más viejos antagonistas del grupo , oficiando la siniestra ceremonia en un altar.
Las bolas de fuego de Ferrante pudieron abatir a varios cultistas pero los dos sacerdotes de mayor rango demostraron ser hábiles conjuradores. Sus descargas flamígeras y sus intentos de dominar la mente de los héroes demostraron su peligrosidad. Un hechizo de silencio hábilmente lanzado en la sala hizo que los sacerdotes tuviesen que retirarse para conjurar.
Kor demostró también que su paso a la no-vida le había convertido en un poderoso no-muerto.


Una extraña masa violácea llenaba el interior de su esqueleto y su toque paralizante se hizo con el pícaro Kurt en una ocasión. Por suerte Galvan el clérigo proporcionaba cobertura con sus conjuros desde la retaguardia y le pudo reanimar..
El combate se alargó y al final Kor y luego los sacerdotes cayeron maldiciendo a sus verdugos.
Encontraron un mecanismo en la sala que abría dos pasajes ; uno arriba a través de un conducto hacia un lugar donde parecía encontrarse Azar Kul y otro a un lado que conducía hacía los aposentos del Señor de la Horda.
Al ir hacia estos últimos fueron sorprendidos por dos diablesas Erinias quienes  con sus arcos y flechas en llamas atacaron a Kurt por la espalda. Rápidamente Ferrante conjuró unos tentáculos que las apresaron e inmovilizaron , pero  podían teleportarse a voluntad y desaparecieron sin dejar rastro.
Ya solo quedaba ir hacia el santuario superior.
Kurt se atrevió a ir a explorar solo y se encontró de golpe con Azar Kul...les estaba esperando mientras tras él , en la sala , los otros dos Orbes del destino flotaban en el aire emitiendo haces y rayos de energía  hacia una nube negra que flotaba en el aire sobre el altar central de la sala y cada vez parecía expandirse más.
Azar Kul y sus Erinias
Sin duda era ese el portal a otro plano que Azar Kul estaba intentando conjurar desde hacía días y supondría la sentencia para toda la vida en el Valle del Elsir.
Ya sólo quedaba enfrentarse a él , sus Erinias y su escolta de Abishai azules para impedir que pudiese llevar a término sus siniestros planes.
Una casi imposible tarea para un grupo que había consumido muchos de sus recursos.

Azar Kul demostrando como se las gasta con los que le contrarian

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