lunes, 18 de enero de 2010

La horda de la mano roja XIV


Los héroes regresaron a Drellín.

Allí encontraron que el pueblo había sido atacado. Una gigantesca quimera había atacado el día anterior llevándose la vida de varios lugareños y un grupo de encapuchados había asaltado el edificio del ayuntamiento y en la cárcel habían asesinado a Jareth , la ladrona que el grupo había puesto en manos de la justicia antes de salir hacia la torre de Vraath.

Todo apuntaba a secuaces de los ebonmar , el temible clan criminal que perseguía a la compañía desde su salida de Helgor.

Decidieron tender una trampa a sus posibles perseguidores y en efecto , un par de encapuchados picaron el anzuelo.Pese a ser descubiertos por la espalda y defenderse con fiereza cayeron ante los golpes del pícaro Kurt , el clérigo Galvan y la exploradora Jill. Todos ellos actuaban ocultos por hechizos de Ferrante , quién había conjurado un invisibilidad mágica para protegerles.

Tras ello se reunieron con el concejo de la ciudad, varios ciudadanos notables interrogaron al grupo y les pidieron consejo. Al principio se resistieron a aceptar la verdad pero fueron convencidos por los compañeros.La amenaza de la gigantesca horda de la mano roja que se disponía a iniciar su marcha sobre el valle en unos días era demasiado para la pequeña ciudad.
Ya nada se podía hacer para salvar Drellín. Solo quedaba evacuarlo e intentar defenderse en Brindol, la única ciudad en todo el valle que cuenta con muralla y capaz de servir de defensa ante lo que se avecinaba.

Una exploradora y mensajera de Brindol se presentó ante el consejo ; al parecer los caminos del norte estaban bloqueados por gran trasgos . Ninguna ayuda podría llegar desde el norte si el paso estaba en manos de la Horda.

Al día siguiente decidieron marchar hacia el norte por el camino de Brindol.
Cruzaron varios pueblos y allí donde fueron avisaron del peligro que se avecinaba.

Tras cinco días de viaje y dejar atrás la aldea de Cruce embrujado se encontraron con el bloqueo.

Los gran trasgos habían construido todo un fortín de madera donde varios ogros , gran trasgos y lobos huargos vigilaban el camino.

Al parecer no esperaban problemas pues no estaban muy atentos. Los ogros dormitaban bajo los escasos rayos de sol y los dos vigías no supusieron problema para el ataque por la espalda de Kurt cuando fueron silenciados con la magia de Ferrante.

Los cuatro se encaramaron en lo alto del fuerte y acabaron en silencio con los ogros.Mientras el resto de los ocupantes se hacinaba en el interior del fuerte ignorando lo que se avecinaba.

Aún así , una vez que se diese la alarma y se iniciase la más que previsible lucha, el número de enemigos superaba ampliamente al de los héroes. Se imponía actuar con cuidado si no querían dejar la vida en aquel lugar enterrando con ellas toda la esperanza de los habitantes del valle de Elsir.


Cronista: Reik Adeloth , año 1203


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