martes, 22 de julio de 2008

maquillaje.











-¡Miré allí profesor, es el escarabajo de Jepri!-

dijo Desmond señalando a la espalda de Foyle.

-sí corre tras él muchacho, rápido!-

Gateando y recordando al jueguecito “corre corre que te pillo...” empezó a recorrer el túnel abierto en la pared mientras que el insecto, moviéndose a una velocidad que rayaba en el prodigio, se alejaba oscuridad adentro.

- mierda, no veo nada, está demasiado oscuro!-

Foyle se adelantó y cogiendo una de las piedras del suelo la rasgó por la pared haciendo saltar chispas de la misma e iluminando brevemente la caverna, al punto de no solo advertir la posición del escarabajo, si no de ver unos viejos candelabros a ambos lados de la pared.
Desmond se lanzó hacia el escarabajo y todo se volvió oscuro de nuevo.

Se escuchó un golpe seco como de un cuerpo cayendo al suelo y cuando un fósforo encendió uno de los candelabros, en el lugar donde había de estar el profesor, se perfilaban dos siluetas, dos hombres de tamaños muy diferentes, uno con sonrisa de zorro, el más bajito y si la estupidez hubiera elegido un rostro para reencarnarse, habría elegido sin duda el rostro del más alto.

-¿quiénes sois?- Dijo Desmond, observando al profesor inconsciente en el suelo.

-Señor negro, responda a nuestro amigo Desmond-

El señor negro se adelantó y extrayendo un cuchillo jamonero de no se sabe donde y sin mediar palabra, atravesó de lado a lado al bueno de Desmond, que doblado sobre sí mismo emitió un grito de agonía, mientras caía al suelo muy cerca del profesor.

-¿Mato al viejo también?- preguntó el señor negro, extrayendo sus pastillas y echándose medio bote en la boca.

-el anciano este... es difícil de matar, por lo que parece ya estuvo muerto Sr. Negro pero el barquero se negó a llevarle a la otra orilla, asegúrate de que esta vez, lleve dos monedas en su bolsillo, antes de desmembrarle bien.

El señor negro se adelantó y extrayendo de un tirón el cuchillo del vientre de Desmond, lo acercó a la garganta del viejo mientras le sujetaba la cabeza del pelo.

-¿Ahora matáis viejecitos? - dijo una voz de mujer al fondo en la oscuridad.

Los señores blanco y negro se miraron el uno al otro y esta vez el rostro del señor blanco recordó más bien el de un ratón asustado con los ojos muy abiertos

-no te veo Amanda- ¿donde te has escondido?- dijo mientras abría el escapulario y degustaba el rabo deshidratado del Santón, torciedo el gesto como cuando se come algo amargo... muy amargo.-

-estoy en las sombras, donde no podrás encontrarme- dijo de nuevo la voz de mujer.

Fijó su vista en el fondo de la caverna y esta vez si distinguió la silueta de mujer, entre las sombras, como bien había dicho, pero ahora ya sin ser vulnerable al influjo de su brujería. Extrayendo una pistola demasiado pequeña apuntó mientras sonreía y se preparaba a decir unas palabras...que al parecer, se ahogaron en su boca, pues algo obstruía sus cuerdas vocales, se estaba atragantando, el falo de San Gilberto se le había ido por otro lado, mientras tosiendo intentaba recuperar el resuello y dejaba caer la pistola al suelo. El señor Negro comenzó a darle fuertes golpes en la espalda, hasta que una mano femenina le agarró por el cuello de la camisa y lo lanzó hacia atrás ensartándolo en uno de los agarra candelabros que sobresalían de la pared, dejándolo suspendido y trinchado allí mismo.

-hoy cenarás brocheta Sr. Negro- espero no te siente mejor que eso que mascas-

y pasando por encima de él, hincó su tacón en una de las manos que trataban de buscar desesperadamente la pistola, haciéndole sangrar.

-ahora... cuéntame gusano que estás buscando aquí y tal vez te mate rápido-
dijo la bella mujer sacando un pintalabios y un espejo de mano para retocarse los labios...

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