lunes, 14 de julio de 2008

Blanco y Negro.















La mujer, intimidada por la mirada de aquellos dos extraños hombres, bajo su mirada al suelo. Pareciendo el punto y la i, aquellos dos hombres recorrieron de mañana el pueblo, preguntando a casi todo el mundo por el inglés de origen español llamado Desmond Solo, llegando por fin al hostal, donde se alojaba desde hacia una semana.

-Nos alegra en demasía que por fin hallamos encontrado a nuestro amigo Desmond señora Clotilde- dijo el más bajito con expresión de zorro.- Verdad que nos sentimos muy dichosos Sr. Negro?-
dijo dirigiéndose a su amigo, un individuo gigantesco, vestido con un traje negro y una corbata blanca, un hombre cuyo rostro era una mueca de ausencia y estupidez, ojos glaucos, con un labio inferior que al parecer, debía de pesar demasiado como para mantener la boca cerrada, Clotilde no dejaba de observarlo esperando un hilo de espesa baba que resbalase hasta su barbilla.

-Creo que hoy es el día más feliz de mi vida Sr. Blanco- dijo el gigante cambiando la expresión de su rostro, al punto de parecer otra persona, dejando ver unos largos y perfectos dientes blancos que hacían pensar en el canibalismo.

-...y nos dice que marchó hace ya un día y no ha vuelto...qué extraño parece, señora Clotilde, no nos estará engañando a petición del bueno de Desmond para darnos una grata sorpresa?...al señor Negro no le gustan las sorpresas, le provocan tal estado de agitación que hay que medicarle después .-
dijo el más bajito, un hombre de piel cetrina, tirante y con una capa de grasa permanente en el rostro, que arrancaba brillos de sus pómulos, su frente y barbilla.
Un hombre con la burla en el rostro, con un hilo de pelo debajo de su nariz, paralelo al labio superior y una expresión de Judas Iscariote que hacia recordar el chiste..."¿Acaso seré yo maestro?".

-Las sorpresas...dijo el alto con la voz temblorosa , el Sr. Negro.-Las sorpresas y los sobresaltos no son buenos en mi estado...- y extrayendo un bote pequeño de pastillas lo agitó en la cara de la hostelera.
-Pero vengo preparado, traigo mis caramelos.- y echándose en la mano media docena de pastillas,con los ojos del revés, se las llevó a la boca, masticándolas ruidosamente mientras sonreía a la hostelera, formando en su boca una extraña pasta blancuzca, lechosa, que se adhirió a su colgante labio inferior de una forma permanente...cuestión que hizo que la Señora Clotilde torciese el rostro mostrando abiertamente la repugnancia que le provocaba...

1 comentario:

Bester dijo...

ciertamente dos tipos desasosegadores, seguro que no tienen ninguna buena intención hacia el bueno de Desmond...

jaja...

muy bueno