lunes, 3 de marzo de 2008

Si...






Si... Si puedes conservar tu cabeza,


cuando a tu alrededor todos la pierden y te cubren de reproches;


Si puedes tener fe en ti mismo, cuando duden de ti,


los demás hombres y ser indulgente para su duda;


Si puedes esperar y no sentirte, cansado con la espera;


Si puedes, siendo blanco de falsedades, no caer en la mentira,


y si eres odiado, no devolver el odio, sin que te creas por eso,


ni demasiado bueno, ni demasiado cuerdo;


Si puedes soñar sin que los sueños, imperiosamente, te dominen;


Si puedes pensar, sin que los pensamientos sean tu objeto único,


Si puedes encararte con el triunfo y el desastre,


y tratar de la misma manera a esos dos impostores;


Si puedes aguantar que la verdad por ti expuesta,


la veas retorcida por los picaros, para convertirla en lazo por los tontos.


O contemplar que las cosas, por las que diste tu vida, se han desecho.


Agacharse y reconstruirlas, aunque sean con gastados instrumentos.


Si eres capaz de juntar en un sólo haz todos tus triunfos


y arriesgarlos a cara o cruz en una sola vuelta.


Y si perdieras, empezar otra vez como cuando empezaste,


y nunca mas exhalar una palabra sobre la pérdida sufrida;


Si puedes obligar, a tu corazón, a tus fibras y a tus nervios,


a que te obedezcan aun después de desfallecido


y que así se mantengan, hasta que en ti


no haya otra cosa que la voluntad gritando:


"¡Persistid, es la orden!".


Si puedes hablar con multitudes y conservar tu virtud,


o alternar con reyes y no perder tus comunes rasgos;


Si nadie, ni enemigos, ni amantes amigos pueden causarte daño,


Si todos los hombres pueden contar contigo, pero ninguno demasiado,


Si eres capaz de llenar el inexorable minuto,


con el valor de los sesenta segundos de la distancia final,


tuya será la tierra y cuanto ella contenga,


y -lo que vale más- serás un hombre, ¡hijo mío!




Rudyard Kipling

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